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El papel de las cerradoras automáticas de cajas en el final de línea

Las cerradoras automáticas de cajas constituyen una pieza muy importante dentro del esquema de automatización del final de línea de producción de una empresa industrial. Aunque el papel que juegan estas soluciones dentro de este proceso es, a priori, uno de los más sencillos, también resulta fundamental para mantener una alta productividad bajo parámetros de eficiencia y fiabilidad.

Estas soluciones aportan grandes ventajas que facilitan su plena integración en cualquier proceso industrial automatizado. Dentro del final de línea, las cerradoras automáticas se encargan de recibir las cajas que han sido rellenadas justo antes con diferentes productos para proceder a su sellado mediante dos tipos de procedimientos:

Tipos de sellado de las cerradoras

  • Precintado mediante una cinta adhesiva.
  • A través del sistema hot-melt, un material termoplástico que se solidifica a temperatura ambiente.
En el momento en que las cerradoras sellan las cajas, una solución robótica las puede recoger mediante una garra y las coloca en los palets para ser enfardadas con material plástico, etiquetadas y posteriormente enviadas hasta el punto de recogida para su transporte. La automatización de este proceso es lo que permite mantener la agilidad y la rapidez en el final de línea de producción.

Una de las grandes ventajas que ofrecen estas cerradoras es su flexibilidad y adaptabilidad, hecho que las convierten en soluciones fácilmente integrables en cualquier sector. Algunas de estas máquinas pueden llegar a admitir dimensiones de cajas de entre 200 y 660 milímetros de largo, entre 150 y 480 mm de ancho y entre 127 y 480 mm de alto. Se trata de soluciones versátiles que pueden ajustarse al tamaño de cada caja de forma manual o completamente automática, en caso de necesidades de empaquetado multiformato.

Capaces de adaptarse a los sistemas de empaquetado más exigentes

Estas máquinas ofrecen unas prestaciones capaces de adecuarse a los sistemas de empaquetado más exigentes: en concreto, su velocidad oscila entre las 12 cajas por minuto en los sistemas que emplean precinto y cuentan con un método de ajuste automático, hasta las 45 cajas por minuto en soluciones con ajuste manual y uso de precinto. En el caso de las cerradoras o precintadoras que utilizan el método de sellado hot-melt, la cadencia de cierre de cajas es de 20 unidades por minuto.

A estas velocidades de cerrado de cajas se le suma el alto grado de fiabilidad que ofrecen, y la facilidad que entraña tanto el proceso manual de ajuste del tamaño de la caja como el recambio de los cabezales de sellado. Esta sencillez de manejo permite reducir al mínimo la intervención humana en todo el proceso y, por lo tanto, minimizar el riesgo de errores en la realización de tareas repetitivas. Además, esta automatización permite derivar mano de obra a tareas que exigen mayor cualificación, en procesos que aportan más valor a la empresa.

Por otro lado, la menor presencia de operarios en el final de línea, en general, reduce a mínimos el riesgo de siniestralidad laboral, una característica común al conjunto de procesos de automatización industrial.

Sinónimo de eficiencia en el consumo de materiales

Por otra parte, la automatización también es sinónimo de eficiencia en el consumo de materiales: la fiabilidad que ofrecen estas soluciones repercute directamente sobre el uso de consumibles durante el proceso de embalaje, y minimiza el desperdicio de material.

En la mayoría de las ocasiones, los errores humanos causados por la realización de tareas repetitivas pueden obligar a desechar mucho más material que el que desperdicia una solución tecnológica. Además, los procesos automatizados favorecen la apariencia de los embalajes de cara a la presentación visual ante el cliente final.

Todos estos elementos hacen que la integración de cerradoras o precintadoras de cajas se convierta en una solución económica, eficiente y rentable para las empresas industriales.

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